Hoy por hoy, en Chile al menos, es frecuente escuchar que nos quejamos de que "no tenemos tiempo", que "solo trabajamos" y que eso deteriora nuestra relaciones de pareja, con nuestros hijos. Al mismo tiempo, sabemos que no podemos dejar de trabajar con esa intensidad, porque "tenemos que pagar las cuentas" y nuestras deudas, pagando un alto costo personas por ello, con crecientes grados de insatisfacción. Un ejemplo reciente se puede ver en esta noticia publicada el sábado 9 por El Mercurio.
¿Por qué aceptamos vivir de este modo? ¿Existe alguna alternativa que nos haga potencialmente más felices?
Esta pregunta hace tiempo de da vueltas y a la luz de lo que ya mencionamos en un posteo anterior, esto tiene que ver con nuestra manera de evaluar nuestra felicidad, comparándonos con otros y con la lógica del dilema del prisionero.
Veamos. En teoría nadie nos obliga a trabajar muchas horas, para ganar mucho dinero, para comprar muchas cosas que no siempre podemos disfrutar (porque el tiempo y la energía los agotamos trabajando). Sin embargo vivimos en un discurso acerca de lo que nos hace felices que está relacionado con el consumo, con el acceso a bienes y servicios que nos generen mayor utilidad.
Y evaluamos nuestra felicidad (en parte) comparándonos con nuestros vecinos. Entonces, si mi vecino acaba de comprarse una 4x4 nueva y construyó una mansarda, ahora yo soy menos feliz. Y me veo empujado a trabajar más duro, más horas para intentar ganar el dinero extra que me permita, a lo menos, igualarme a mi vecino.
Pero al hacerlo, contribuyo a crear un ambiente más competitivo y más agresivo entre mis pares en el trabajo y con mis competidores, el desgaste emocional que todo eso me genera y las horas extras de tabajo, me llevan a afectar mis relaciones personales: pareja, hijos, padres, amigos etc. ¿A alguien le sorprende que algunos hablen de la epidemia de la soledad, si ese es el paradigma de un profesional moderno?
Y por supuesto, medimos el producto bruto de nuestro trabajo adicional: productividad, ventas, rentabilidad, PIB, pero no incluimos el costo personal y social de generar este producto. ¿Y que pasa si renunciamos a esta carrera desenfrenada? Casi con seguridad no seremos premiados por nuestra empresa (no ascendemos, no hay aumento de sueldo) y bien podemos ser despedidos o reubicados para que alguien más haga lo que nosotros no quisimos hacer. Somo castigados.
Así, es facil entender que no estemos contentos pero no podamos salir de esta trampa. En el fondo sabemos que existe una alternativa más beneficiosa para todos, pero los incentivos del juego nos llevan, casi nos obligan, a elegir esta opción desfavorable (equilibrio de Nash).
Incluso, algunos afirman que este estado de cosas fue diseñado justamante para maximizar el producto y la ocupación, descansando sobre algunos conceptos clave, como la "Obsolescencia Planificada" que facilitan que esta rueda siga girando. ¿Alguien recuerda que los refrigeradores duraban 20 años? Hoy apenas duran 3 o 4 y las cosas ya no se reparan, se botan y compramos nuevas. (Para más detalle les recomiento ver el video interactivo "Story Of Stuff").
¿Tenemos Alternativa?
Imaginemos ahora un mundo donde colectivamente eligiéramos no entrar en el dilema de la productividad. Es decir no estamos dispuestos a competir ferozmente y trabajar muchas horas adicionales para ganar más dinero, con las consecuencias ya vistas. En un primer momento comenzaríamos a disfrutar más de nuestra vida, llegaríamos más temprano a casa, haríamos más deporte, compartiríamos más con nuestros amigos. Hasta aqui todo bien, pero...
Nuestro trabajo depende de una empresa que compite con otras en un mercado global, donde hay otros profesionales como nosotros, los que no han elegido salir del dilema de la productividad. Para ellos, "nos estamos quedando atrás", somos un blanco fácil para ellos, que lograrán mayores productividades, mayores innovaciones, mejores productos a menores costos. Las ventas de nuestra empresa cae y si nosotros seguimos sosteniendo nuestra opción anti-productiva, en algún momento la empresa deberá cerrar y con ella nuestro empleo y fuente de ingresos.
Así seremos empujados a un mundo de menores ingresos, menor protección social (no hay ISAPRE, ni AFP, sólo los programas estatales) y eventualmente pobreza, que ya sabemos, es una de las fuentes de infelicidad más extendida.
Esta situación e intentado resumirla en esta figura,
Haz Click Aqui si quieres proponer un cambio a esta figura (requiere incripción en Chilefeliz.net).
Como se aprecia, el dilema del prisionero nos deja indefensos, por cualquiera de las 2 vías, terminamos más infelices. No podemos escapar a esta lógica en forma unilateral y los costos de nuestra situación actual son muy altos. Parece claro que un mundo diferente requiere más que un simple esfuerzo colectivo por disminuir las horas trabajadas, sino más bien cambiar el paradigma sobre el cual está construida nuestra sociedad. Pero ese un tema mayor, que escapa a mi modesto entendimiento, al menos por ahora.
Los invito a comentar esta mirada.
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PS: Manfred Max-Neeef hace un interesante argumento contra los valores de productividad y eficiencia en una breve entrevista en BigPicture.tv. Ver Aqui